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No es mi problema: Fábula de " El ratón y la ratonera"

"Todos tomamos distintos caminos en la vida, pero no importa a dónde vayamos, tomamos un poco de cada quien."(Tim McGraw)

En un post anterior de título Buenas personas trataba el tema de hacer el bien por los demás, de la solidaridad y no mirar hacia otro lado.

Aunque los problemas de los demás no nos afecten directamente, en cierto modo, siempre nos salpica, sobre todo cuando se trata de las personas más allegadas. No es lo mismo ser discretos que pensar que ese no es nuestro problema, más cuando solicitan nuestra ayuda o, aunque no la soliciten directamente, esa ayuda haría mucho bien.

A veces tenemos que meternos en lo que no nos importa, lo que les ocurre a los que nos rodean sí es de nuestra incumbencia.

Si un amigo, vecino, compañero de trabajo o familiar nos comunica una preocupación, poniendo su confianza en nosotros, tenemos que darle nuestro apoyo y nuestra ayuda. Un consejo o un apoyo de nuestra parte hará que se sienta amparado y tranquilizado.

Un ejemplo, lo tenemos en esta conocida fábula:

Fábula: "El ratón y la ratonera "

Un ratón, mirando por un agujero en la pared, ve a un granjero y su esposa abriendo un paquete.

Sintió emoción imaginando qué podría ser lo que contenía. Quedó aterrorizado cuando descubrió que ¡¡¡ era una ratonera !!!

Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos:

"Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!!!"

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levanto la cabeza y dijo:
- Discúlpeme Sr. Ratón. Yo entiendo que es un gran problema para usted, más no me perjudica en nada, no me incomoda.

El ratón fue hasta el cordero y le dice:
- ¡¡¡ Hay una ratonera en la casa, una ratonera !!!
- Discúlpeme Sr. Ratón, pero no hay nada que yo pueda hacer, sólamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones.

El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la vaca le dijo:
- Pero, ¿ acaso yo estoy en peligro? Pienso que no…. es más ... Estoy segura que no.

Entonces el ratón volvió a la casa preocupado y abatido para encarar a la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando a su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra venenosa. La cobra mordió a la mujer.

El granjero la llevó inmediatamente al hospital. Ella volvió con fiebre. Todo el mundo sabe que para alimentar alguien con fiebre, no existe nada mejor que una sopa.

El granjero agarró su hacha y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. Pero la mujer no se curó y acabó muriendo.

Y el granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.

MORALEJA: la próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo no le debes prestar atención.... habría que pensarlo dos veces.


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La competitividad no hace evolucionar


Siempre hemos creído que la competitividad provoca que el individuo se supere. Ver a otros mejores que nosotros nos despierta el deseo de crecer.

En un programa de televisión vi una entrevista al famosísimo cocinero vasco Juan Mari Arzak en la cual se le preguntaban varias cuestiones del sector de la restauración. Es muy amigo de Karlos Arguiñano, otro popular cocinero vasco, colabora en su programa de televisión y comentan los avances y novedades en la cocina, nuevos ingredientes, técnicas y recetas.

Durante el diálogo, Arzak dijo una frase que me hizo pensar y reflexionar: "No debe existir competencia ni envidia".

He llegado a la conclusión de que en realidad, la competitividad provoca envidia y ambición.

La superación debe realizarse en relación a nosotros mismos y a nuestras propias capacidades y habilidades no en comparación con los demás, pues cada uno posee las suyas propias.

La superación ha de basarse en la admiración y en la generosidad. Si admiramos el trabajo de alguien podemos tranquilamente preguntarle: ¿Cómo has hecho esto? ¿Cómo se realiza eso o lo otro? Admirando, no envidiando. Con toda naturalidad y franqueza.

La otra persona ha de ser generosa, y sin egoísmo facilitarnos la información. Esta es la única manera de evolucionar.

Este sistema ha de regir en cualquier ámbito o actividad para que la misma evolucione y progrese. Unos, los inventores o creadores, ponen el conocimiento al servicio del resto y de ese modo se producen avances en cualquier campo social o de desarrollo.

Desde este blog, quiero dar las gracias a quienes han sido generosos y han compartido su información y conocimientos de forma altruista conmigo, de tal forma que he llegado, en un breve espacio de tiempo, a disponer de la suficiente sabiduría que me permita crear mis tres queridos blogs y desenvolverme con un poco de soltura en el mundo bloggero.

Grego, Alberto y Óscar, muchas gracias.

"Dar más y más es la mejor manera de tener más y más" (D. Carnegie).
" Cuando yo doy me doy a mí mismo" (Walt Whitman).
María José Corral Benítez
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Yo aprendo, yo me faculto.


Las distintas áreas universitarias se enseñan en la Facultad. Damos por hecho que la Facultad nos "faculta" para una profesión, que nos aporta unos conocimientos, unos conceptos, unos procedimientos, unas habilidades y unas actitudes para desempeñar nuestro trabajo.

Lamentablemente eso es cierto a medias. Conozco a pésimos estudiantes que tras finalizar sus estudios universitarios de la manera que llamamos "a trancas y barrancas" luego son unos excelentes profesionales en su trabajo. Por el mismo motivo que otros que fueron alumnos brillantes con expedientes académicos impecables, se han convertido, en mediocres o incluso malos ejercedores de su profesión. Tal es el caso de profesores o médicos, entre otros.

Escuché a un filósofo paisano mío, que cuando marchó a Granada a la facultad de Filosofía y Letras, dedicaba más tiempo a otras tareas y aficiones que a asistir a la facultad. Se dio cuenta de que el temario podría estudiarlo por sí mismo y que allí solo debía ir a realizar los exámenes y a recoger las pertinentes notas. Ahora es un sabio.

Me he dado cuenta de que el hecho de tener un título universitario solo sirve como autorización para ejercer una profesión concreta, no aporta cultura.

Conozco personas con carreras universitarias que son auténticos ignorantes de todo lo demás, (a veces ni siquiera son buenos en su función) y otras que sin haber obtenido titulación alguna son auténticos sabios y eruditos, personas con una cultura excepcional.
Tenemos grandes ejemplos de autodidactas como es el caso de Miguel Hernández o de malos estudiantes como Stanley Kubrick que han llegado a convertirse en genios y modelos a seguir.

El estudio, el trabajo y el esfuerzo potencian nuestras habilidades. No es necesario realizar muchas obras, lo importante es realizarlas bien.

Por consiguiente, somos dueños de nuestro propio aprendizaje. Solo con el entusiasmo, el interés y el esfuerzo llegaremos a alcanzar el conocimiento. No nos lamentemos si no hay un título en nuestro cajón.
¡ Al carajo con los títulos ! El saber no está en un papel, se encuentra en nuestro cerebro.

María José Corral Benítez
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