Conciencia y perdón.


En un momento concreto y de forma precipitada podemos cometer un error con un ser querido, con un familiar o con alguna de nuestras amistades. Una conducta de la que más tarde, recapacitando, nos damos cuenta de que estábamos equivocados, que cometimos un terrible error.

Como es habitual, pedimos las disculpas oportunas y la mayoría de las veces somos sinceramente perdonados. La bondad, la nobleza, el buen corazón y el cariño que esa persona nos profesa dará como resultado un perdón auténtico, real, sin rencor ni resentimiento. En estos casos somos afortunados por estar rodeados de buenas personas.

Sentimos vengüenza de nuestra conducta, sentimos un tremendo arrepentimiento más aún cuando la persona ofendida comprende y perdona nuestro error inmediatamente.

Pero, ¿nos perdonamos a nosotros mismos? En ocasiones, los demás nos perdonan antes de que nos perdonemos a nosotros mismos. Ese arrepentimiento, esa vergüenza, hace que tardemos en olvidar que hicimos una ofensa, y retrasa nuestro propio perdón.

Algunos a esto le llaman conciencia. El tener o no tener "la conciencia tranquila", es una expresión que solemos escuchar con frecuencia.

Se puede tener la conciencia tranquila porque símplemente no se tiene conciencia, y por consiguiente no podemos arrepentirnos de algo de lo que no nos sentimos culpables, aunque lo seamos. Son aquellos que no asumen sus errores.

Por otro lado, podemos no tener la conciencia tranquila, aunque seamos inocentes y nuestra culpa sea debido a un mal entendido, a una circunstancia adversa, y a un error, pero sin intención ni maldad. Son aquellos que asumen sus errores y sufren por ellos.

Quizás lo mejor, puede que sea no tener la conciencia tranquila y esperar a que nuestro cerebro olvide y podamos definitivamente perdonarnos a nosotros mismos.
María José Corral Benítez
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13 comentarios:

Carlos Alberto Arellano dijo...

María José:

Interesantes reflexiones.

Sí, muchos de los que van por la vida lo más tranquilos, suelen ser aquellos a los que les importa un comino el sufrimiento ajeno. Ni siquiera cuando son ellos los responsables de ese sufrimiento.

Saludos.

Pepe Galleta dijo...

A mí la Paula, mi señora, nunca me perdonó que me casara con ella...

Saludos.

María José dijo...

Carlos Alberto:
Claro, esos que se jactan de que duermen muy bien, esos que nunca sentirán remordimientos porque no tienen conciencia.

Un saludo.

Pepe Galleta:
ja, ja ja , ¡¡¡ pero si estás enamoradísimo de ella !!!

Un saludo.

Gregorio Toribio Álvarez dijo...

El que lanza una piedra a sabiendas y luego pide excusas, ni tiene conciencia ni tiene perdón.

Es complejo el tema que propones y llevas toda la razón. Si nos han perdonado, ¿por qué le seguimos dando vueltas al asunto? Porque en el fondo reconocemos nuestro error y no nos perdonamos el haber fallado.

Conozco a quien ataca y ataca como depredador y nunca pide disculpas. Pero la vida no es eterna...

María José dijo...

Grego:
En la amplia diversidad de la raza humana hay de todo, buenas personas y no tan buenas, egoístas y generosos, interesados y altruístas. Hay que ser muy finos para distinguirlos.
"Líbrenos Dios de las aguas mansas que de las bravas ya me libro yo solo".

manu dijo...

es todo un tema. me niego a pensar que olvidar sea una solución. creo que hay errores que el tiempo cicatriza, que el perdon es algo divino....pero que uno tiene curar sus culpas.

(me parece...claro)

besitos!

pd: perdón por tardar en pasar.

María José dijo...

Manu:
No es necesario pedir perdón. ¡¡El perdón es algo divino!! has dicho tú mismo.
Soy yo la que tengo que dar las gracias a quienes me visitan y se esfuerzan en compartir su opinión en este blog.

Un saludo.

Mª Antonia dijo...

Querida Mª José:
Magnífica reflexión la de hoy...
Por suerte, la mayoría de seres humanos tenemos conciencia y ella se encarga de "regañarnos" cuando lo hacemos mal. Hay casos muy crueles en los que personas sin conciencia disfrutan con el mal ajeno o sencillamente, no se arrepienten o no lo reconocen y vuelven a producir sufrimiento en los demás.
Por otro lado, como tú bien dices, aunque nos perdonen el error cometido, somos nosotros mismos los que no nos perdonamos porque sabemos y somos "conscientes" del mal que hemos hecho. En términos eclesiásticos podríamos decir que "expiamos nuestros pecados".
Si desandar pudiera el camino andado, te puedo asegurar que intentaría enmendar los muchos errores que cometí (y cometo a diario) a lo largo de mi vida.

Me encanta venir a tu casa, siempre tienes la puerta abierta. Gracias.

María José dijo...

Mª Antonia:
Ojalá puedieramos hacer con nuestros actos lo mismo que yo hago cuando los alumnos se equivocan: volver a realizarlo. Y se nos diera una nueva oportunidad a mejorar nuestras acciones.
Por desgracia, somos seres imperfectos y cometemos errores constantemente si posibilidad, en la mayoría de los casos, de rectificación. Pues cuando el daño ya está hecho, el arrepentimiento, a veces no sirve para nada.

Te doy las gracias por visitarme y por compartir tus reflexiones. Aunque haya que tocar al timbre, la puerta siempre estará abierta para ti.

Un saludo.

Mª Jesus dijo...

Tengo que reconocer que me dejas sin palabras pero con tema para pensar un rato. Que dificil es andar en el mundo con conciencia cuando mucha gente viven sin ella y solo se mira a si mism@.
Yo personalmente creo que podemos rizar el rizo y yo diferenciaria entre perdón y olvido. Para mi el perdón implica no sentir resentimiento hacia el otro o nosotros mismos y olvidar es no recordar. Como personas nos resulta difícil olvidar porque esos recuerdos brotan en nuestra cabeza pero esta en nuestro corazón e intención sentir resentimiento o no hacia ellos.
Saludos y perdon por extenderme tanto.

Steki dijo...

Yo he tocado también el tema del perdonarse a sí mismo.
Gracias a Dios lo he logrado, me he sacado la mochila de encima.
He aprendido bastante a lo largo de estos últimos 5 años acerca de la conciencia y del perdón.
Gracias amiga por compartir.
BACI, STEKI.

Oscar Mendizábal dijo...

Una disculpa sincera, siempre llevará a un perdón sincero.

María José dijo...

Mª Jesús:
El resentmiento, efectivamente es lo que demuestra que no hay perdón. El cerebro puede olvidar, solo si lo hace el corazón.

Aquí puedes extenderte todo cuanto desees. Vuestras propias reflexiones son un enriquecimiento.
Un saludo.

Steki:
Sí, en esa entrada fue donde yo hice mi primer comentario en tu blog. Yo tenía mi entrada guardada en borrador y al ver el tema de la tuya no pude resistirme.
Gracias a ti. Un saludo.

Óscar:
Supones bien, aunque a veces no sabemos distinguir cuando es una disculpa o una excusa.
Las disculpas implican razones sinceras, y las almas nobles perdonan sinceramente.

Un saludo.

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