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Un recuerdo de ti


Días atrás, mi imagen provocó un sentimiento de nostalgia en otras personas. Un sentimiento, que además de significar alegría debido al encuentro inesperado, manifestaba un lamentable recuerdo de pena y dolor.

Cuando esas personas me vieron, se pusieron muy contentas sin duda, pero durante el transcurso de la conversación, en seguida comenzó a brotar un profundo y doloroso sentimiento de nostalgia. Sus ojos se humedecían y hacían un enorme esfuerzo por contener esas lágrimas que intentaban escaparse libremente. Sus sonrisas eran extrañas, al igual que sus miradas.
Finalmente, la alegría volvió a los rostros y a las miradas de una forma más relajada y placentera. Con un enorme deseo de que el encuentro volviera a repetirse.

Como decía el zorro al Principito, hay situaciones, paisajes, lugares, momentos, caras, objetos, etc. que no significarían nada para nosotros a no ser porque estos nos recuerdan otras situaciones, otros paisajes, otros lugares, otros momentos, otras caras, otros objetos, etc.

Unos recuerdos pueden resultar placenteros, otros pueden resultar dolorosos. Momentos, personas, que pasan fugazmente ante nuestros ojos.
Cuando sonreímos sin motivo aparente, con la vista perdida, o fija en un punto concreto, lo más probable es que sea porque en ese mismo instante un recuerdo feliz haya llegado a nuestro pensamiento.

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María José Corral Benítez

2021:ODISEA DE UN ENCUENTRO

Desde el aire. (Imagen: Mª José Corral Benítez)

El encuentro llegó, aquel ansiado momento por fin ocurrió. Durante el largo viaje ella imaginaba cómo sería el primer encuentro, un gusanillo en el estómago y un nerviosismo ansioso de conocer a aquel "fantasma" con el que había mantenido una maravillosa amistad durante largos y tristes años. Era como un "fantasma", aunque sin verlo jamás físicamente podía percibir su presencia en cualquier momento. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada situación por insignificante que fuera, hacía que aquel "fantasma" apareciera ante ella, le venía al pensamiento, lo presentía.

Aquel encuentro pareció normal, con el entusiasmo habitual de un recibimiento convencional, solo pareció. El sonido del corazón era sordo. Nadie puede escuchar los sentimientos. Las voces de su pensamiento eran mudas. Nadie puede escuchar las ilusiones. Sus ojos hablaban, sus ojos escuchaban, sus ojos respondían, sus ojos comprendían. Las miradas cómplices se sucedían sin cesar dando lugar a la sonrisa.

A la mesa de un bar, no había palabras. No eran necesarias. No había nada que decir, todo se sabía de antemano, lo conocían todo el uno del otro. Ella miraba a aquel que había sido un "fantasma" y sonreía abiertamente. Él permanecía serio, triste, emocionado tal vez. Ella sonreía una y otra vez, una sonrisa de sorpresa y felicidad. ¡¡¡ Tanto tiempo deseando este momento !!! Miraba sus ojos, y advertía el brillo y el desconcierto. Sonreía poco. Triste sonrisa. Se diría que deseaba llorar en lugar de reír.

Miraban el ambiente del bar, el bullir de la gente, el paisaje exterior, un mundo ajeno a lo que significaba aquel primer encuentro. Un mundo ignorante a un acontecimiento que para ellos resultaba tan importante.

Ella le preguntó:
- ¿Qué tal me ves?
- Muy bien- dijo el "fantasma".
- Temía decepcionarte, podría no ser como imaginabas - comentó ella.
- No. Eres tú -dijo el fantasma encogiendo los hombros.

Entonces ella sonrió complaciente y descubrió lo mucho que lo quería.
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María José Corral Benítez

El lenguaje de los ojos.


... si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.

(Gustavo Adolfo Bécquer)

No es necesario que hables, no digas nada. Tus ojos me hablan, me lo dicen todo. Sé lo que piensas, sé lo que sientes. Tus ojos me susurran, tus ojos me sonrien, tus ojos me desean. Shhhhhhhh, solo mírame, no dejes de mirarme. Shhhhhhh no hables. No es necesario. Nadie los escucha, nadie conoce su lenguaje, nadie entenderá nada, solo tú y yo. Solo nosotros.
¡¡¡ Lo hemos conseguido !!! Difícil reto, muy difícil. El código del lenguaje de los ojos. Sí, hemos conseguido descifrarlo. Ya sé leer, ya sé hablar ese lenguaje.
Permaneces a mi lado, en silencio. Silencios más importantes que mil palabras. Se puede leer la pena, el desaliento o la dicha. El lenguaje de los ojos, lleno de complicidad. Escucha. La sinceridad nace y surge de nuestro propio corazón. Un suspiro, una mirada, una sonrisa y entiendo. Lo entiendo todo. Mis ojos leen y oyen a los tuyos. Mis ojos te responden, te hablan con sinceridad y confianza.
Tus ojos me llaman, tus ojos me gritan, tus ojos lloran. Los mios te contestan, te consuelan y te besan.
María José Corral Benítez
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