Días atrás, mi imagen provocó un sentimiento de nostalgia en otras personas. Un sentimiento, que además de significar alegría debido al encuentro inesperado, manifestaba un lamentable recuerdo de pena y dolor.
Cuando esas personas me vieron, se pusieron muy contentas sin duda, pero durante el transcurso de la conversación, en seguida comenzó a brotar un profundo y doloroso sentimiento de nostalgia. Sus ojos se humedecían y hacían un enorme esfuerzo por contener esas lágrimas que intentaban escaparse libremente. Sus sonrisas eran extrañas, al igual que sus miradas.
Finalmente, la alegría volvió a los rostros y a las miradas de una forma más relajada y placentera. Con un enorme deseo de que el encuentro volviera a repetirse.
Como decía el zorro al Principito, hay situaciones, paisajes, lugares, momentos, caras, objetos, etc. que no significarían nada para nosotros a no ser porque estos nos recuerdan otras situaciones, otros paisajes, otros lugares, otros momentos, otras caras, otros objetos, etc.
Unos recuerdos pueden resultar placenteros, otros pueden resultar dolorosos. Momentos, personas, que pasan fugazmente ante nuestros ojos.
Cuando sonreímos sin motivo aparente, con la vista perdida, o fija en un punto concreto, lo más probable es que sea porque en ese mismo instante un recuerdo feliz haya llegado a nuestro pensamiento.
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María José Corral Benítez




