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Zombi: El corazón roto y el alma muerta

Imagen de Eliona Pardo
El zombi deambulaba entre la multitud humana, ante una humanidad que no deparaba en su oscuro existir. Un cadáver andante. Un cadáver dotado de vida aparente.

La vida puede resultar aparente. Sí, parecer vivo pero estar muerto, o ser un muerto en vida.
El zombi no vivía porque no se sentía vivo. La sensación de vivir le abandonó hace tiempo atrás.

Tenía el corazón roto y el alma muerta.

La grieta de su corazón era profunda, dolorosa, un abismo oscuro en donde ya no albergaba el sentimiento de la esperanza. Estaba condenado para siempre a permanecer en ese estado de vida aparente.

Su boca, cual caja de Pandora, unas veces permanecía cerrada, en el más absoluto de los silencios y otras se desbordaba dejando salir todo aquello que por su tamaño no tenía cabida en su interior.

La herida de su corazón no conseguía cicatrizar, los sentimientos le provocaban terribles arañazos que le hacían sangrar de tal manera que le dejaban sin aliento, exhausto, agotado hasta el límite de no querer hacerse visible, tratando de ocultar su propio sufrimiento. Entonces el zombi, se ocultaba en su pequeña cueva donde se cobijaba y se protegía de los sentimientos.

No quería tener sentimientos, quería ser inerte. Los sentimientos era cuchillos que destrozaban una y otra vez su delicado corazón. Ya no importaba si éstos eran alegres o tristes, era lo mismo.

Poco a pocó fue descubriendo que los sentimientos alegres también le herían, ésto le produjo más dolor aún, en ese momento fue cuando se dio cuenta de que tenía el alma muerta.

Entonces el zombi lloró amargamente su propia muerte.

ENLACES:

- RELATOS

María José Corral Benítez

Viaje a Ninguna Parte

Tren de Fläm (Noruega)
Imagen de Mª José Corral Benítez

Leí que la vida puede compararse con un viaje en tren. Quizás por eso creé un blog llamado En el Tren de La Vida, que representa todo aquello que es de mi interés o lo que ven mis ojos desde la ventana del vagón en el que viajo.

El viaje de la vida puede ser largo, viaje largo, vida larga, o por el contrario puede ser un viaje corto, un viaje interrumpido por una muerte que llegó antes de lo previsto, antes de llegar a la vejez.

La expresión "que tengas buen viaje " tiene que ver con la suerte del viaje. Sí, es una suerte el que consiga hacer un buen viaje, tener una buena vida, vida feliz, larga y dichosa vida. En este mi viaje, en el viaje de mi vida, desgraciadamente he visto a varias personas cercanas y queridas bajarse repentinamente de mi tren.

El vagón representa mi vida. Mi vida a veces transcurre en un vagón solitario, dónde soy la única ocupante en el compartimento.

El viaje de mi vida va atravesando varios lugares, algunos están concurridos, llenos de gente que sube y baja de mi tren, son aquellos momentos de gran acitividad social y familiar.

El compartimento es como mi corazón. Las personas entran y salen, y a veces me dejan sola durante mucho tiempo.

El ventanal de mi compartimento es grande y puedo ver el paisaje, puedo ver el ambiente, puedo ver gentes diversas, puedo disfrutar de lugares maravillosos, de acontecimientos y de espectáculos.

Un día, en una estación, ví a una extraña criatura que miraba ansiosa hacia el interior del tren. Movía los ojos y giraba la cabeza como si buscara encontrarse con alguien, pero no subió al tren ni nadie del interior del mismo descendió a su encuentro.

El tren se alejó y ella se quedó allí como un ser abandonado. Yo la veia cada vez más pequeña a medida que el tren se iba alejando.

En ocasiones la vuelvo a ver pasear por el andén, dudosa, indecisa sin decidirse a tomar el tren, quizás no esté segura. Es posible que no sepa hacia donde se dirige.

Yo permanezco ahí, inamovible, en mi compartimento vacío, a la espera de que algún día decida subir y puede que incluso exista la casualidad de que se siente a mi lado. Hay un asiento libre, nadie lo ocupa, los demás siempre se sientan en el de enfrente, pero nunca junto a mí.

No hay otra alternativa que la espera, los acontecimientos y el transcurrir de este viaje quizás algún día me lleven a mi destino, o a lo mejor ... en el peor de los casos, nunca consiga llegar; y mis días acaben aquí, en el vagón de un tren, desde donde puedo ver el mundo, otras caras y otras vidas pero nunca poder ser dueña de la mía propia, solo puedo dejarme llevar ... hacia ninguna parte.

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María José Corral Benítez
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