Cuando una puerta se nos cierra, es porque el camino hacia allí no es el adecuado. Es mejor buscar otra salida, otra puerta abierta y no ignorar las que se abren de nuevo ante nosotros.
Si mi corazón pudiera sonreir el más triste de mis días podría transformarse en otro mucho mejor.
Si se me ilumina el alma seré dichosa.
Quienes toleran mis errores, quienes respetan mis faltas, serán los que realmente me quieran de verdad.
Quienes conquisten mi corazón, éste será suyo.
Quienes sean sinceros y leales habrán ganado mi respeto.
Quienes me miren a los ojos, verán mi verdadero yo.
Quienes se esfuercen en no desagradarme me harán feliz.
Quienes me decepcionen me habrán gravemente herido.
Quien me proteja y comprenda tendrá mi amor eterno.
Quien camine a mi lado, nunca lo abandonaré.
Quienes sean desconsiderados poco les importará mi bienestar.

Fragmento del capítulo 21 del Principito:
El Principito se fue a ver de nuevo a las rosas y les dijo:
-En realidad no os parecéis en nada a mi rosa, no sois nada todavía. Nadie os ha domesticado ni vosotras habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. Antes de que lo domesticara era un zorro igual a otros cien mil. Ahora que lo he hecho mi amigo, es un zorro único en el mundo.
Y las rosas se mostraron muy molestas.

- Son realmente hermosas, pero vacías -anadió el principito-. Uno no se siente impulsado a dejarse morir por ustedes. Cualquiera pensará que mi rosa se parece a ustedes; pero ella sola es para mí más importante que todas ustedes juntas, porque ella es la que he cuidado y regado; ella es la que cubrí con el globo de cristal; ella es la que resguardé con el biombo; ella es la que liberé de las orugas que le molestaban, dejando solo aquellas que se volvieron mariposas; es ella la rosa que oí quejarse, alabarse o mantenerse callada. En fin, ella es mi rosa.

