
En ocasiones se nos plantea la cuestión del racismo y la xenofobia de forma personal. La situación social es obvia, estamos rodeados de extranjeros y personas de otras razas, en nuestro trabajo, en nuestro vecindario, en nuestro ocio, en el mundo del deporte, del cine y la televisión, etc...
El hecho de que un hombre negro fuera candidato a la presidencia de Los Estados Unidos de América fue la esperanza de un cambio radical, no sólo en las ilusiones de su proyecto de gobierno, sino que de una vez por todas, a un hombre de raza negra se le brindara esa oportunidad. El cambio, principalmente, ha sido, además de las soluciones políticas y económicas de Barack Obama, el hecho de que el nuevo presidente de USA sea un hombre negro.
Ahora, cuando vemos a algún apuesto y guapo hombre de raza negra, nos recuerda a Obama. Quizás ese hombre de color, antes nos hubiera pasado desapercibido, o en el peor de los casos, nos hubiera resultado una desagradable presencia debido a ese halo de racismo que se suele tener en el subconsciente.
Yo me planteo una cuestión relacionada con el carácter de los españoles. ¿Somos racistas o clasistas?
Si vemos un marroquí o un negro del África subsahariana pasando penalidades, llegados en pateras arriesgando su vida en el paso del estrecho, trabajando de sol a sol en los trabajos más precarios y menos retribuídos, sin un hogar digno, con carencias económicas, sanitarias e higiene de primera necesidad , etc...generalmente, se siente un rechazo instantáneo racista y xenófobo.
Pero si por el contrario, nos encontramos a un extranjero culto y refinado, independientemente del color de su piel, bien vestido y aseado, con un buen coche (algunos árabes tienen barcos y aviones privados), con criados, etc... entonces esos sentimientos racistas y xenófobos no aparecen en esos corazones.
Por consiguiente, creo que los españoles no somos racistas sino clasistas. Nos fijamos en las clases sociales, en la posición social , cultural y económica principalmente, más que en el color de la piel o la raza.
Nos llama la atención tener objetos procedentes del extranjero, pero no queremos a las personas extranjeras.
Afortunadamente, parece que esta ideología poco a poco va cambiando en el pensamiento de muchos españoles, pero queda mucho camino por recorrer.
En mi opinión, las diferencias humanas no radican en el color de la piel o en el país donde se haya nacido, sino en las costumbres culturales, esos hábitos y mentalidades que hacen que podamos ser muy distintos entre nosotros, incluso exista un abismo entre dos personas cercanas. A veces ocurre dentro de las propias familias o círculos sociales y laborales.
María José Corral Benítez
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