La celebración del cumpleaños es una fiesta muy popular y extendida en casi todo el mundo. De hecho, la canción "Cumpleaños feliz" se suele cantar en varios idiomas.
La persona que cumple años es agasajada y se convierte en protagonista por un día.
Los invitados a una fiesta de cumpleaños observan al protagonista y disfrutan de un día lleno de alegría tal como si fuera el propio. Al menos eso es lo que a mí me ocurre cada vez que he sido invitada a una fiesta de cumpleaños. Me siento feliz al ver la alegría reflejada, no sólo en el rostro de quien cumple años, sino también en el de los asistentes.
Distinto es cuando se trata del cumpleaños de mi hijo o hija. Supongo que es un sentimiento que aparece en el corazón de cada madre y nuestra memoria se remonta a día de su nacimiento.
En este caso, no se trata de celebrar que cumplen un año más. Para mí, repito, es la celebración del nacimiento.
Cuando anoche vi a mi hija radiante, feliz, rodeada de sus mejores amigas, en un ambiente lleno de alegría y sentimientos, me sentí dichosa.
Yo no lo viví como un cumpleaños, fue un "cumple nacimiento".
Yo le di la vida.
Innumerables recuerdos y sentimientos llegaron a mi memoria. Es algo que me ocurre en cada uno de los cumpleaños de mi hijo o de mi hija.
Un día como éste yo estaba en el hospital ... , estaba de parto ... , mi hija vino al mundo. Nadie recuerda ese momento como una madre. Nadie puede sentirlo de la misma manera.
Mi hija celebra una fiesta por cumplir un año más. Ella sólo puede celebrar eso: un año más. Ella no recuerda su nacimiento. Yo sí, como todas las madres, puedo recordarlo.
El cumpleaños de los hijos o hijas es algo especial para quien es madre: es el recuerdo del momento que los trajimos al mundo.
Les dimos la vida.
Mª José Corral Benítez
10 de octubre de 2010
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