
Tren de Fläm (Noruega)
Imagen de Mª José Corral Benítez
Leí que la vida puede compararse con un viaje en tren. Quizás por eso creé un blog llamado En el Tren de La Vida, que representa todo aquello que es de mi interés o lo que ven mis ojos desde la ventana del vagón en el que viajo.
El viaje de la vida puede ser largo, viaje largo, vida larga, o por el contrario puede ser un viaje corto, un viaje interrumpido por una muerte que llegó antes de lo previsto, antes de llegar a la vejez.
La expresión "que tengas buen viaje " tiene que ver con la suerte del viaje. Sí, es una suerte el que consiga hacer un buen viaje, tener una buena vida, vida feliz, larga y dichosa vida. En este mi viaje, en el viaje de mi vida, desgraciadamente he visto a varias personas cercanas y queridas bajarse repentinamente de mi tren.
El vagón representa mi vida. Mi vida a veces transcurre en un vagón solitario, dónde soy la única ocupante en el compartimento.
El viaje de mi vida va atravesando varios lugares, algunos están concurridos, llenos de gente que sube y baja de mi tren, son aquellos momentos de gran acitividad social y familiar.
El compartimento es como mi corazón. Las personas entran y salen, y a veces me dejan sola durante mucho tiempo.
El ventanal de mi compartimento es grande y puedo ver el paisaje, puedo ver el ambiente, puedo ver gentes diversas, puedo disfrutar de lugares maravillosos, de acontecimientos y de espectáculos.
Un día, en una estación, ví a una extraña criatura que miraba ansiosa hacia el interior del tren. Movía los ojos y giraba la cabeza como si buscara encontrarse con alguien, pero no subió al tren ni nadie del interior del mismo descendió a su encuentro.
El tren se alejó y ella se quedó allí como un ser abandonado. Yo la veia cada vez más pequeña a medida que el tren se iba alejando.
En ocasiones la vuelvo a ver pasear por el andén, dudosa, indecisa sin decidirse a tomar el tren, quizás no esté segura. Es posible que no sepa hacia donde se dirige.
Yo permanezco ahí, inamovible, en mi compartimento vacío, a la espera de que algún día decida subir y puede que incluso exista la casualidad de que se siente a mi lado. Hay un asiento libre, nadie lo ocupa, los demás siempre se sientan en el de enfrente, pero nunca junto a mí.
No hay otra alternativa que la espera, los acontecimientos y el transcurrir de este viaje quizás algún día me lleven a mi destino, o a lo mejor ... en el peor de los casos, nunca consiga llegar; y mis días acaben aquí, en el vagón de un tren, desde donde puedo ver el mundo, otras caras y otras vidas pero nunca poder ser dueña de la mía propia, solo puedo dejarme llevar ... hacia ninguna parte.
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María José Corral Benítez