
Imagen: "Mujer llorando" de Carlos Alberto Arellano
Siempre las tuvo guardadas. Las atesoraba con tanto celo y avaricia como se guarda un gran secreto. Nadie sabía de su existencia. En el corazón del volcán se comprimían y hervían como magma de sangre. Un día tras otro. Siglos y siglos de existencia en el más absoluto silencio.
De repente, surgió un rugido de sus entrañas, un estruendo, una erupción ... Su espíritu abrió las ventanas y las dejó salir. Surgió un líquido salado que escapaba libremente, que se deslizaba sin vértigo hacia el abismo, regando el paisaje con sus lágrimas.
Mª José Corral Benítez
ENLACES:
- Relatos
